Haciendo las cosas bien

Estamos contentos, y os vamos a decir por qué. En primer lugar porque estamos en fechas que nos invitan a estarlo, con tanta luces de colores y con la esperanza de que el año que viene nos sea más benigno (aunque las previsiones apunten a lo contrario). En segundo lugar porque nuestro blog va teniendo más aceptación cada día, lo que nos llena de orgullo y satisfacción. Y en tercer lugar porque por fin hemos llevado nuestro propio coche a la Inspección Técnica de Vehículos y nos hemos bautizado en tamaña prueba de fuego, que suponíamos complicadísima y que ahora entendemos sencilla.

En primer lugar teníamos ciertos reparos porque había que buscar un sitio adecuado para pasar la revisión, que estuviera cerca de casa y que ofreciera las mayores garantías. Este paso fue bastante sencillo gracias a la página itv de barcelona, donde pudimos consultar aquellas estaciones ITV más cercanas y saber si eran demasiado exigentes con la inspección o si eran normales y ante un pequeño problema recomendaban antes que echaban el coche para atrás. Al final, gracias a los comentarios y a las indicaciones de la citada Web pudimos elegir la más cercana a nuestra casa y cumplir el trámite con la Administración.

Al principio teníamos cierta renuencia. Imaginábamos que alguna pieza escondida de nuestro motor haría su aparición y nos dirían que teníamos una rotura tremebunda que no nos permitía pasar la revisión. O intuíamos que el nivel de humos que expelía nuestro tubo de escape no estaría dentro de los parámetros. Pero lo peor vino después, oh sí, ya lo creemos…

Una vez terminada la parte primera nos hicieron dar la vuelta y meternos en la línea de las pruebas de esfuerzo. Y entonces fue cuando pensamos que no íbamos a superar, de ninguna de las maneras, todo aquello que nos pedían: que si frena ahora, que si suelta el freno, que si no aceleres, que si  acelera, que dale al freno de mano… Todo se movía, unos rodillos increíblemente taimados desplazaban el vehículo de un lado a otro y unas máquinas adosadas justo a la altura de nuestra vista ofrecían gráficos con barras rojas que nos daban muy mala espina.

Al final, cuando fuimos a recoger los papeles lo hicimos con mucho miedo. Pero la sonrisa del administrativo nos tranquilizó, máxime cuando pudimos relajarnos al ver el sello de aprobación de la ITV y la pegatina salvífica. Un mal rato que concluyó en buenos resultados y que nos corroboró que nuestro coche estaba perfecto… Así que sí, tenemos motivos para estar contentos en este final de 2012.

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