Una velada muy agradable

Habíamos decidido empezar la enésima dieta el lunes, que ya sabéis que es el día en el que siempre se da comienzo a este tipo de acciones. Las navidades habían pasado su factura, y era necesario tomar algunas decisiones. Sin embargo también estaba claro que teníamos ante nosotros un fin de semana estupendo para despedirnos a lo grande. Y eso fue exactamente lo que hicimos.

Como no sabíamos dónde acudir, nos conectamos a canalrestaurantes.es y buscamos un sitio que nos resultara cómodo, cercano a casa y con las mayores garantías de satisfacción. Al final encontramos uno pequeñito a quince minutos andando, aunque debido al tiempo que este fin de semana ha hecho tuvimos que sacar los paraguas. Bueno, pensamos, así es todavía más romántica la velada (aunque pisar un charco antes de entrar al restaurante no es, desde luego, la mejor opción para comenzar la noche).

Cuando llegamos el salón estaba bastante animado. Era normal, los precios que se pedían estaban muy bien y el menú ofertado tenía una pinta excelente. Tomamos asiento y contemplamos la bonita decoración en tonos parduscos que jalonaba las paredes del comedor. Los papeles pintados se combinaban a la perfección con cuadros escogidos al efecto, y el resultado final era bastante sugerente.

Enseguida llegó un camarero que nos propuso tomar un vino antes de cenar, a lo cual accedimos, claro que sí. Luego nos trajo una exquisitez para que la probásemos, algo así como cola de gambón rebozada en tempura, la cual vino de maravilla para maridar los dos excelentes blancos que bebíamos.

Tras el aperitivo vino la cena propiamente dicha. Dos entrantes y un segundo, acompañado todo ello por otras copas de vino, esta vez un tinto con cuerpo de la zona de La Mancha. Recuerdo que uno de los entrantes eran una especie de tomates gratinados, mientras que el otro consistía en un bacalao hojaldrado sobre un lecho de salsa de piquillos. Obvia decir que ambos platos estaban exquisitos. Para los segundos elegimos carne, un solomillo de buey al punto con distintas salsas (pimienta verde, roquefort y Pedro Ximénez) que nos dejó extasiados por lo bien hecho que estaba.

El postre ya no lo recuerdo, pero seguro que era algo con chocolate y barquillo. Tomamos un café y nos invitaron a una copa, lo cual remató de forma magnífica la velada tan fantástica que estábamos teniendo. A la hora de pagar, ninguna sorpresa desagradable.

Y hoy, desgraciadamente, tenemos para comer algunos espárragos blancos que nos están esperando, junto a un filete de pollo que no tiene, en principio, demasiada buena pinta. Pero qué le vamos a hacer…