Cuestiones a tener en cuenta cuando viajamos por nuestra cuenta

Si eres de los que huyen de viajes organizados bienvenido, nosotros también abominamos de tal cuestión. Por regla general este tipo de actuaciones no nos producen ninguna satisfacción, porque tenemos claro que con esta forma de movernos de un sitio a otro no vamos a ver una ciudad de una manera conveniente y, desde luego, lo único que vamos a conocer, además de la mejor manera, serán los aeropuertos internacionales donde tengamos que hacer escalas o esperar a que nuestro avión salga. Por eso nosotros creemos que es mejor organizarse un viaje por uno mismo y preparar las excursiones sin que haya nadie que nos diga las cuatro cosas folklóricas y ya está. Por eso hoy vamos a repasar este tipo de viajes para que veas dos cosas que te vendrán bien a la hora de ponerte a ello.

pensionesbaratasLa primera de estas cosas tiene que ver con el alojamiento. En efecto, que tengamos acceso a pensiones baratas es lo adecuado si pretendemos no pagar una cantidad excesiva de dinero por nuestro alojamiento. Esto es esencial, sobre todo porque un sitio barato nos permitirá ahorrarnos unos euros, lo que será genial para nuestros ahorros o por ejemplo para prolongar nuestra estancia en un sitio determinado. Vale la pena que lo tengas en cuenta.

Por otra parte tienes que tener presente que moverse por una ciudad desconocida puede ser muy grato si llevamos callejero o guía, pero si no es el caso necesitaremos un buen modo de hacerlo para no andar perdidos o extraviados. El mejor recurso, desde luego, es del que nos hablan aquí, esto es, un taxi. Pero también puedes recurrir al transporte público como un autobús o el Metro si tienes varios días y quieres camuflarte con la población.

De lo que se trata, y es a donde queremos ir a parar, es de programarte unas buenas vacaciones y que nada te salga mal. En estos momentos lo que tenemos que tener en cuenta, por encima de cualquier cuestión, es que los viajes que uno mismo organiza y prepara son mucho más excelentes y óptimos que los que nos puedan dar en un sitio dedicado a estos menesteres. Dicen que el turismo es lo que de verdad nos permite conocer una ciudad determinada, pero desde luego no el de masas, no el de acudir en tropel a un sitio determinado, no el de entrar a un museo y verlo en dos horas. No, lo que de verdad nos tiene que importar es que podamos encontrar un buen modo de viajar a nuestro aviso y con todas las garantías. Así que los dos consejos que te hemos dado (pensiones baratas y taxis para moverte por la ciudad) te serán de mucha utilidad para todo. Seguro que si los pruebas nos darás la razón.

Encuentros inesperados

Le conocí en una pensión madrileña bastante decente y aseada. Había hecho una búsqueda por Internet para encontrar un establecimiento con precios asequibles, topándome con un buscador de pensiones y hostales baratos que me sirvió para localizar este establecimiento. Buena comida, huéspedes silenciosos, situación envidiable y un precio irrisorio. Sí, era lo que buscaba.

Decía que le conocí en una pensión madrileña, pero en realidad le había visto pasear por las calles de la capital un par de tardes. Su aspecto era estrafalario y su pelo enmarañado presuponía una falta de cepillado alarmante, pero su charla era muy edificante e instructiva. Había sido profesor en no se qué instituto de secundaria, pero una mala racha y la intervención furibunda de la rueda fortuna, girando siempre hacia abajo, le abocaron a la calle y a vivir a salto de mata. Pero insisto: era un hombre interesante.

Cuando me encontraba con un conocido le contaba todo esto, aunque por los gestos de su rostro sabía que nadie daba crédito a lo que oían de mis labios. Pensaban que la pensión en la que me alojaba era algo así como una corrala que amenazaba ruina y que no era en modo alguno ese paraíso tranquilo y acogedor que yo pintaba. Pero la verdad es que el buscador de Internet no mentía, y la comodidad con la que pasé aquellas semanas en Madrid se la debo, en gran parte, a la propietaria de la pensión, que siempre estaba al tanto de las carencias de sus huéspedes.

Precisamente el más pintoresco de todos ellos era él, el desgreñado. Vivía en la única habitación que había en el piso inferior, y estoy seguro de que hacía mucho que había dejado de pagar su alquiler. En cualquier caso a la patrona no parecía importarle demasiado porque todos los días le saludaba con atención y le ponía el desayuno en la mesa. El trato era tan familiar que en ocasiones fui regañado por llevar los faldones de la camisa por fuera.

Cuando terminé mi estancia en la capital me apenó bastante tener que dejar esa pensión tan maravillosa que había encontrado de forma casual. También me  resultó difícil decirle adiós a ese enorme personaje con quien tantas tardes compartí, pero la partida era inminente y no tuve más remedio que dejar en ese trocito de Madrid parte de mi alma.

Por cierto, hace poco regresé por allí y pude comprobar, horrorizado, que la pensión había desaparecido y que había brotado una tienda oriental de la nada. No sé si entrar y pedir que me devuelvan aquello que dejé allí, en ese trocito de Madrid, hace ya tanto tiempo. ¿Algún consejo?