Tendencias en mobiliario de hostelería

Materiales, colores y nuevas funcionalidades. Son algunos de los pilares de las nuevas  tendencias en mobiliario de hostelería que tienen en cuenta el diseño más dinámico junto a la funcionalidad.

 

La ergonomía es un factor a tener en cuenta, no solamente cuando estamos en casa tranquilamente, sino también para disfrutar en un bar o restaurante. De manera que el mobiliario de estas instalaciones han de adaptarse al cuerpo de los usuarios para que sea lo más cómodo posible. El cliente busca estar como en casa allá donde va, y sobre todo, cuando está cenando o tomando un cóctel.

 

Además, los colores se renuevan para ofrecer una gama estilosa de muebles a cuál mejor. Los grises y los negros funcionan siempre, pero, en los últimos años, los ocres y naranjas dan vida a espacios que aportan mucho más que productos. Estos colores pueden verse en taburetes o tumbonas de plástico, tanto de interior como de exterior. Se busca el disfrute completo y experiencias siempre integrales a la hora de ir a comer a un bar o a un hotel.

 

Al aire libre

Sin ir más lejos, las terrazas de establecimientos gastronómicos suelen ser rincones elegidos por la gran parte de usuarios. Tanto en otoño como en  primavera, además de verano, las terrazas se visten de gala y en invierno se pueden utilizar carpas y estufas para poder gozar también del buen ambiente sin pasar frío. La tendencia marca mesas de pequeñas dimensiones para que haya más sitio para los clientes, que puedan moverse fácilmente para reubicar el lugar y obtener otros espacios en un momento.

Materiales

Entre los materiales, el plástico grueso y de calidad es más económico y da mayores resultados, además de la ya conocida madera de teca y el aluminio. Son materiales resistentes también ante la inclemencia de las condiciones meteorológicas. El mercado de la hostelería es uno de los más importantes en España, por su número de establecimientos y por la cantidad de visitantes, clientes y turistas que pasan a diario. Han de ser establecimientos cuidados en extremo donde atender a todos los detalles para que los clientes se sientan a gusto.

Comer en un restaurante en Barcelona con vistas al mar

Barcelona es una ciudad preciosa donde uno puede disfrutar de una excelente calidad de vida. Bajando por la Rambla, el ambiente que se aprecia entre las casetas y la gente que va y viene desde el puerto es una de las cosas más bonitas del centro. Aunque hay muchos restaurantes a lo largo de la calle, uno de los lugares que más gustan a los barceloneses son los del centro comercial Maremagnum.

Está situado en el mismo puerto y se llega a través de un puentecito. Si buscamos restaurantes en Barcelona, allí vamos a encontrar una gran variedad de cocina internacional. Desde las típicas cadenas de comida rápida para los que quieran algo sencillo y rápido, hasta restaurantes japoneses, italianos, orientales y establecimientos para comer marisco, tapas o unos buenos bocadillos.

Pero lo más bonito es que se puede cenar o comer con las vistas al mar, lo que supone una experiencia muy agradable, sobre todo cuando hace buen tiempo.

Restaurantes con vistas al mar

El centro Maremagnum tiene terraza y desde las ventanas de sus restaurantes se puede contemplar todo el puerto. Si nos subimos al segundo piso, se puede apreciar con calma una panorámica increíble de la ciudad, presidida por la Estatua de Cristóbal Colón, apuntándonos con el dedo.

Si queremos comer bien, podemos probar por ejemplo El Chipirón de Mochos, justo a la entrada, una pequeña terraza desde donde se pueden contemplar los barcos y Barcelona de noche, bañada de pequeñas lucecitas y el rumor de la gente. Hay otros restaurantes con vistas al mar. Para poder encontrar una buena mesa tendremos que irnos a la terraza, en el lado contrario. Tanto en verano como en primavera, e incluso a veces en otoño, da gusto sentir la brisa marina mientras se devora un buen estofado.

Si queremos disfrutar de un buen restaurante, allí está prácticamente todo y lo complicado a veces es decidirse por uno. Vale la pena sobre todo cuando vas en pareja, ya que la ciudad de Barcelona de noche puede resultar muy romántica. También si vas de fiesta con los amigos, es el lugar ideal para comerse unas tapas.

¿Has cenado alguna vez en algún establecimiento del Maremagnum?

Una velada muy agradable

Habíamos decidido empezar la enésima dieta el lunes, que ya sabéis que es el día en el que siempre se da comienzo a este tipo de acciones. Las navidades habían pasado su factura, y era necesario tomar algunas decisiones. Sin embargo también estaba claro que teníamos ante nosotros un fin de semana estupendo para despedirnos a lo grande. Y eso fue exactamente lo que hicimos.

Como no sabíamos dónde acudir, nos conectamos a canalrestaurantes.es y buscamos un sitio que nos resultara cómodo, cercano a casa y con las mayores garantías de satisfacción. Al final encontramos uno pequeñito a quince minutos andando, aunque debido al tiempo que este fin de semana ha hecho tuvimos que sacar los paraguas. Bueno, pensamos, así es todavía más romántica la velada (aunque pisar un charco antes de entrar al restaurante no es, desde luego, la mejor opción para comenzar la noche).

Cuando llegamos el salón estaba bastante animado. Era normal, los precios que se pedían estaban muy bien y el menú ofertado tenía una pinta excelente. Tomamos asiento y contemplamos la bonita decoración en tonos parduscos que jalonaba las paredes del comedor. Los papeles pintados se combinaban a la perfección con cuadros escogidos al efecto, y el resultado final era bastante sugerente.

Enseguida llegó un camarero que nos propuso tomar un vino antes de cenar, a lo cual accedimos, claro que sí. Luego nos trajo una exquisitez para que la probásemos, algo así como cola de gambón rebozada en tempura, la cual vino de maravilla para maridar los dos excelentes blancos que bebíamos.

Tras el aperitivo vino la cena propiamente dicha. Dos entrantes y un segundo, acompañado todo ello por otras copas de vino, esta vez un tinto con cuerpo de la zona de La Mancha. Recuerdo que uno de los entrantes eran una especie de tomates gratinados, mientras que el otro consistía en un bacalao hojaldrado sobre un lecho de salsa de piquillos. Obvia decir que ambos platos estaban exquisitos. Para los segundos elegimos carne, un solomillo de buey al punto con distintas salsas (pimienta verde, roquefort y Pedro Ximénez) que nos dejó extasiados por lo bien hecho que estaba.

El postre ya no lo recuerdo, pero seguro que era algo con chocolate y barquillo. Tomamos un café y nos invitaron a una copa, lo cual remató de forma magnífica la velada tan fantástica que estábamos teniendo. A la hora de pagar, ninguna sorpresa desagradable.

Y hoy, desgraciadamente, tenemos para comer algunos espárragos blancos que nos están esperando, junto a un filete de pollo que no tiene, en principio, demasiada buena pinta. Pero qué le vamos a hacer…