Nuestro acervo

Muchas veces nos referimos al bagaje cultural que hemos recibido del pasado y lo llamamos así: acervo. Está claro que en un país como el nuestro, en donde el peso de la tradición tiene todavía mucho que decir, esta cuestión es fundamental. Por eso queremos echarle un vistazo a todo eso que lleva tal etiqueta, al objeto de que podamos entenderlo mejor.

Para empezar, te vamos a proponer una cosa sencilla: entra en http://www.refranesysusignificado.net/.  Una vez que hayas revisado la página a la que te va a llevar el enlace, estamos en condiciones de saber una primera definición de acervo: tradición oral y etnografía. En efecto, todo lo que tiene que ver con los refranes y su significado (en el link anterior tienes acceso a una página excelente que resume a la perfección un montón de dichos populares con una breve explicación de qué quieren decir) está dentro del acervo, de ese legado que hemos recibido de épocas anteriores y que nosotros tenemos la responsabilidad de donar a las generaciones que nos van a sustituir.

Pero el acervo es mucho más aún. Date una vuelta por el casco histórico de cualquier ciudad o pueblo de nuestro país y podrás ver ermitas, iglesias, ruinas históricas, edificios emblemáticos, etc. Todos ellos son patrimonio, cierto, pero también entran dentro de la categoría de elementos heredados, porque más allá de sus características constructivas o del uso que hayan tenido se convierten en lugares donde han ocurrido un montón de cosas relacionadas con la historia de esa pueblo o esa ciudad, en donde se han ido sucediendo generaciones de ciudadanos que han dado sentido a ese edificio. Y todo eso, todas esas historias vividas, todo ese bagaje de leyendas, relatos y sucesos, pertenece a la tradición inmaterial que el acervo acentúa de forma conveniente.

Por supuesto, los nombres de las calles, los motes de alguna comarca, los modismos y formas de hablar, la gastronomía típica, los personajes ilustres, la artesanía a la hora de fabricar objetos u enseres, todo lo que forma parte del alma de un lugar concreto tiene también un hueco esencial en el acervo. Podríamos decir que en realidad es su parte principal, porque en un país como el nuestro, donde lo que se transmite por vía oral ha tenido siempre una importancia suma, lo que se encuentra adyacente al boca a boca adquiere un sabor tradicional muy sugerente. Puede parecer entonces que el acervo se refiere única y exclusivamente a esa cuestión, pero en absoluto es así, porque su corpus se nutre de otras muchas cosas que hemos ido definiendo. Pero sí que es cierto que si tuviéramos que dejar, como imagen final, una referencia a lo que supone esta palabra para la historia de nuestro país, no se nos ocurre ninguna mejor que la de ese abuelo o abuela que, con el rostro amable y lleno de las cicatrices del pasado, cuenta a su nieto un refrán, un cantar antiguo o una anécdota del pasado.


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